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L&L
miércoles, 22 de junio de 2016
Practica la descripción
A partir de la siguiente imagen, responde a las preguntas posteriores:
jueves, 16 de junio de 2016
El texto descriptivo. Teoría.
Antes de nada, hay que saber lo que es describir. Se trata de
una manera de representar la realidad mediante palabras.
La intención del autor y la finalidad que el autor desea
alcanzar con el texto es lo que señala las diferencias entre los dos tipos de
descripción.
Respecto a los tipos de descripción, podemos distinguir
entre:
Pasemos, pues, a concretar las características de cada uno de
estos tipos. Veamos primero una ficha sobre la descripción técnica.
Como vemos, lo que pretende es explicar los diferentes
elementos de la realidad, sus características, su composición, etc. Las
principales características serían:
-Siempre tiendo a la objetividad.
-Tiene un lenguaje denotativo (se emplean tecnicismos o
adjetivos especificativos).
-Cuenta con un orden lógico.
Todo texto descriptivo tiene alguna finalidad, y dependiendo
de cuál sea, podemos distinguir según el objetivo que se pretenda.
-Puede tratarse de un texto que pretenda definir. Ejemplos:
entradas de diccionarios, enciclopedias, textos didácticos, textos legales,
etc.
-Puede intentar explicar algo, como es el caso de los
manuales de instrucciones, etc.
-Hay textos que quieren incitarnos a algo, como podría ser la
publicidad, la venta de cualquier artículo, etc.
¿Cuáles son los tipos de descripción técnica? Distinguimos 3:
los textos científicos, los técnicos y los sociales:
-Los textos científicos
muestran cómo hay que proceder en el campo de la investigación, de la
experimentación, etc.
-Los textos técnicos
explican cómo se usa algo, cuál es su forma, cuáles son los componentes, etc.
Por ejemplo, los prospectos de los medicamentos o los mencionados manuales de
instrucciones.
-Los textos sociales
nos dan datos acerca de los posibles comportamientos de una persona, de alguna
institución, etc.
Para pasar a la descripción literaria, hay que saber
que cumple con los siguientes requisitos:
Como vemos, siempre predominará una función estética. En este
caso, la descripción no tiene que ser necesariamente verdadera, aunque sí es
importante que sea verosímil. Es decir, tiene que ser creíble. Así pues, el
narrador va a ser subjetivo, puesto que da a conocer su punto de vista acerca
de cualquier aspecto.
Además de todo esto, en el campo de la descripción literaria
hay que diferenciar otros aspectos:
En cuanto a los tipos, explicaremos brevemente cada uno.
-El retrato
muestra la caracterización de un personaje centrándose en sus rasgos físicos y
psicológicos.
-La etopeya
únicamente nos muestra el carácter, los aspectos del pensamiento del personaje.
-La prosopografía
es una descripción que se centra en la constitución corporal y en la
indumentaria.
-La caricatura es
una deformación de los rasgos del personaje. Tiene una intención humorística,
pero también crítica.
-La topografía nos
describe paisajes y ambientes.
Pasemos ahora a los recursos técnicos que han de tenerse en
cuenta en un texto descriptivo:
-El punto de vista nos indica si estamos ante un descriptor
omnisciente, ante un descriptor observador, etc. (como ocurre con los tipos de
narradores).
-La perspectiva puede variar, dependiendo de cada autor.
-El enfoque puede ser realista, surrealista, etc.
¿Cuáles son los pasos a seguir para describir?
Para
la descripción de un lugar, se suele seguir la siguiente estructura:
Para
describir un objeto, tendremos en cuenta las siguientes ideas:
En lo
tocante a los posibles métodos de descripción, debemos saber que estos sirven
para, evidentemente, comparar una cosa con otra. Así pues, tenemos que tener presentes
los dos posibles métodos a los que podemos recurrir:
Los
rasgos diferenciales son aquellos que ayudan a distinguir unos objetos de
otros, mientras que los comunes nos dicen qué es lo que hace que se parezcan.
Gracias a los rasgos comunes podemos agrupar las cosas según clases.
Las
variables análogas hacen referencia a aspectos como el tamaño, la forma, la
materia, etc.
Otro
aspecto importante es la correcta ordenación de la comparación. Primero se
enumeraran las semejanzas y, después, las diferencias.
En
cuanto a la descripción de un proceso, debemos realizar una exposición ordenada
y clara. Nos guiaremos con el siguiente esquema:
Primero,
ha de indicarse el proceso al que se hace referencia y también se menciona la
finalidad del mismo. Pasaremos a detallar los materiales, instrumentos, etc.,
de que consta el proceso. Por último, se explica la manera en que se desarrolla
dicho proceso, dividiéndolo en fases y enumerando las operaciones que tienen
que realizarse.
Para
describir personas, puede recurrirse a distintas formas de hacerlo. Según los
rasgos que caractericen esta descripción, podremos diferencias entre:
Concretemos
un poco más en dos de ellas: prosopografía y retrato. En la prosopografía, lo
primero que hay que hacer es observar con atención a la persona que se va a
describir. A continuación, seleccionaremos los rasgos principales que tenga, que
estarán en el rostro, en su forma de vestir y en su aspecto general. Tendremos
en cuenta los siguientes aspectos:
Empezaremos
primero, y siguiendo un orden, describiendo desde lo general a lo particular.
Después, presentaremos al personaje describiendo sus movimientos, para que
cobre vida. Conviene incluir una opinión personal con respecto al personaje,
como, por ejemplo, qué sentimientos nos provoca (admiración, aversión, ternura,
etc.) Finalmente, decidiremos qué tono queremos emplear en nuestra descripción
(cómico, irónico, serio, etc.).
Para
el retrato, nos centraremos en dos ideas bases:
Al
describir a una persona, no hablamos únicamente de su físico, ¿verdad? También
nos referimos a su forma de ser, de comportarse, y mostramos lo que pensamos
sobre dicha persona. Para una buena descripción, nos atendremos a los puntos
mostrados en el esquema: tras observar, seleccionaremos los rasgos más
destacables de la persona, pero sin acumular rasgos. Además, debemos ser
ordenados en la descripción: primero enumeraremos los rasgos físicos y,
después, los psíquicos. Presentaremos a la persona en un ambiente, el que sea,
para lograr verosimilitud, y elegiremos las palabras más adecuadas para llevar
a cabo la descripción.
martes, 7 de junio de 2016
Textos narrativos. Teoría y práctica.
A partir de las explicaciones dadas en el siguiente vídeo:
Practica analizando los siguientes textos:
Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra con las manos quietas, como caídas a los dos lados del cuerpo. Al niño, los juguetes de colores chillones, la pelota, tan redonda, y los camiones, con sus ruedecillas, no le gustaban. Los miraba, los tocaba, y luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas, pálidas y no muy limpias, pendientes junto al cuerpo como dos extrañas campanillas mudas. La madre miraba inquieta al niño, que iba y venía con una sombra entre los ojos. «Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir». Pero el padre decía, con alegría: «No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa».
Practica analizando los siguientes textos:
- "El niño que no sabía jugar" - Ana María Matute
Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra con las manos quietas, como caídas a los dos lados del cuerpo. Al niño, los juguetes de colores chillones, la pelota, tan redonda, y los camiones, con sus ruedecillas, no le gustaban. Los miraba, los tocaba, y luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas, pálidas y no muy limpias, pendientes junto al cuerpo como dos extrañas campanillas mudas. La madre miraba inquieta al niño, que iba y venía con una sombra entre los ojos. «Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir». Pero el padre decía, con alegría: «No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa».
Un día la madre se abrigó y
siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles. Cuando el niño
llegó al borde del estanque, se agachó, buscó grillitos, gusanos, crías de rana
y lombrices. Iba metiéndolos en una caja. Luego, se sentó en el suelo, y uno a
uno los sacaba. Con sus uñitas sucias, casi negras, hacía un leve ruidito,
¡crac!, y les segaba la cabeza.
- "Un trozo de chocolate" - Joles Sennel
Me abordó a poca distancia de mi
casa. Estábamos a finales de la primavera y hacía por lo menos dos semanas que le habíamos dado el
pasaporte al tiempo fresco. Pero él llevaba todavía una americana de pana, un
poco raída por los codos, con las solapas y una gorra de franela hundida hasta
los ojos. No se había afeitado desde hacía días, tal vez para dar miedo. Pero
no daba mucho. Más bien daba lástima.
Yo le seguí la corriente por pura
solidaridad, a pesar de que, desde el primer momento, me di cuenta de que la
pistola con la que me apuntaba, a un palmo de mi nariz, era de chocolate; de
chocolate con leche, que es el que más me gusta. Tuve que hacer verdaderos
esfuerzos para poner una cara de circunstancias, medianamente convincente, y no
clavar un buen mordisco a aquel tentador cañón que temblaba bajos unos ojos.
Me apoyé en la pared contemplando
al atracador, que torcía la cabeza hacia un lado y hacía chasquear la lengua,
mientras buscaba las palabras para decirme que aquello era un atraco. Al ver su
embarazo, opté por hacerle un gesto de inteligencia, dándole a entender que me
hacía cargo de la situación y empecé a
rebuscarme los bolsillos. Al fin saqué medio paquete de negro, un encendedor
tirando a viejo, un pañuelo, un bono de autobús, medio gastado, doscientas
treinta cuatro pesetas y el carné de identidad.
El carné me lo quedo. A usted no
le servirá de nada y a mí me hace mucha falta.
El atracador dijo que sí con la
cabeza mientras tragaba saliva ruidosamente.
-¿Está usted en el paro, tal vez?
En mala hora se lo pregunté. El
hombre tuvo un sobresalto, dio un traspiés, que por poco le hace
perder el equilibrio, y dejó caer el arma encima de mis pantalones, dejándolos
hechos una pena. Y lo peor fue que no pudo aprovechar la pistola, porque al
caer, como estaba tan blanda, se mezclo con la tierra que había en el suelo.
El atracador se echó a llorar como
una magdalena. ¡No había forma humana de consolarlo!
-¿Está usted parado o lo hace por
vicio?- le preguntaba yo por decir algo, angustiado al verlo llorar con tanto
desconsuelo.
No quiso contestarme. Su respuesta
fue devolverme todo lo que me había quitado, dándome además una insignia del
Barça a modo de indemnización. Al fin abrió la boca para decirme que, aparte de
la insignia, no tenía nada más que ofrecerme. Yo le contesté que prefería que
me aclarara por qué se dedicaba a un trabajo tan ingrato y con unas
herramientas tan poco serias. Se negó en redondo a responder. Moqueó, levantó
la cabeza, se levantó las solapas de la chaqueta, que se le habían bajado, y,
con las manos en los bolsillos, se marchó dejándome plantado en medio de la
calle, más sólo que la una.
Por lo menos habría podido
acompañarme hasta la puerta de mi casa. Todo el mundo sabe que andar sólo por
esas calles, según a qué horas, es un
tanto peligroso.
Lancé una última mirada al
chocolate que había en el suelo y continúe mi camino. Después de todo, aquel
atracador debía ser un pedazo de pan. Con chocolate.
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